domingo, 4 de noviembre de 2007

AUTOBIOGRAFÍA (XXXVIII) - Los bordes doblados



(fotografía: archivo familiar)

Rescatada, ésta como otras, de los viejos cajones donde las fotografías se agolpan y se doblan sus bordes, destruyéndose poco a poco, aparece esta imagen de los años treinta, con los restos de lo que han dicho que fue la edad plateada de la cultura española. Hombres ilustres, pero poco conocidos, posan para una fotógrafa francesa que también acudió a aquella cena, la única mujer, en la que se fundó el Sindicato de Artistas Revolucionarios. Tomada en el Café Velázquez de Madrid, sus protagonistas parecen extraídos de un libro de historia y no de un destartalado cajón en el que los recuerdos ajenos y las vidas no vividas se funden en una sola imagen de valor incalculable.

Y los episodios de la historia, como las genealogías, se van entremezclando para conformar, como siempre, las autobiografías que no comienzan con uno mismo, sino mucho más allá. El segundo personaje, por la izquierda, de perfil, es un joven Pedro Torrente Santos, poeta de tercera fila de esa llamada Generación del 27, familiar mío porque compartió un paisaje del sur, muy al sur, desde su gran casa en un pueblo polvoriento de la Sevilla, en el que tías de mis tías sirvieron comidas sobre manteles blancos y limpiaron el polvo de la gran biblioteca que tenían, y que también se acumuló sobre los portarretratos de plata que colmaban las vitrinas. Moriría en Roma, mucho tiempo después de abandonar su clase social, de abandonar su patria, en el exilio terco de algunos artistas cuyos nombres se diluyen en la vorágine de datos que la historia que han escrito los vencedores ha sabido obviar.

Junto a Pedro Torrente, otros de destino confuso y doloroso: Félix Guipúzcoa, pintor que acabaría sus últimos días en la cárcel (primero de la derecha); Andrés Melchor Sainz, dramaturgo excepcional que murió en el frente de Teruel (de pie, con gafas, a la derecha); Manuel Jiménez Osorio, catedrático de Literatura en la Universidad Central de Madrid (primero por la izquierda), que acabó en un silencioso exilio estadounidense junto con Tomás Navarro Tomás, de quien fue amigo. Al fondo de la mesa, con aspecto maurista por su profusa perilla, el escultor Bernardo de la Parra, huido a París en plena contienda, donde moriría en compañía de la mujer que siempre estuvo a su lado.

El poeta andaluz posa con cierto aire de suficiencia. Sus más importantes obras, aún sin estudiar, vendrían después: sus versos inflamados de Versos para recordar el mar (1934) o sus rebeldes poemas de Sonetos contra la muerte (1936), marcados al ritmo del amor por una mujer, su musa, y cuyo papel en la obra del autor la crítica conservadora bien ha sabido silenciar: quizás porque este poeta, nacido en medio de la opulencia y el bienestar rural, un día decidió romper con la larga tradición familiar de golpe y miseria con la que los suyos se habían enriquecido desde tiempos imposibles de recordar. Es quizás el más joven de la reunión aquella en que se fundó el sindicato aquel, y su historia, sin duda, está por contar.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hace algún tiempo llegó a mis manos un poema de Torrente Santos de su conmovedor libro Versos para recordar el mar. El descubrimiento fue total pero creo que el de hoy, el de esta fotografía, ha sido aún mayor. Amigo Luis, gracias por acercarnos a su figura.

Susana

Bitácora compartida por Prudencio Salces, Juan Luciano Jiménez y Silvestre Marín Cañete dijo...

Esta es una buena entrada, un capítulo extraordinario, para confortar la autobiografía de tantos desaparecidos y olvidados por el hecho de haber vivido al sesgo de los acontecimientos, o haciéndole frente a la barbarie, o huyendo de la muerte segura que imponía el vencedor.

A lo largos de los tiempos viene uno descubriendo cuántos Torrente Santos se quedaron al margen de las fotografías que nos muestra la historia con determinado orgullo. Unos no estaban allí; otros no cabían en ella; quien más fueron borrados de los libros, como bien dices. Al margen de no saber de su existencia, de no haber leído su obra, los títulos que pergeñara este retirado familiar tuyo (Versos para recordar el mar y Sonetos contra la muerte) ya sería suficiente para tenerlo entre nosotros. Por eso habrá que emplazarte a que nos cuentes su vida, o nos des más detalles de lo que el hombre fue, o no pudo ser.

Pruden

Juan Pedro Martínez y Juan Manuel Jiménez dijo...

Enhorabuena por el blog¡¡

saludos desde Mallorca

Roberviti dijo...

Hola Luis,
Acabo de descubrir tu blog buscando información acerca de Pedro Torrente Santos, protagonista de una de tus novelas. Me ha parecido increíble que todas las entradas que aparezcan en Google sobre él, hagan referencia a tu novela. Entonces, antes de ella, nada?
Por cierto, me ha encantado tu blog y ya lo iré leyendo más detenidamente.
Enhorabuena !!!